
Entender cómo se hace la cerveza ayuda a apreciarla mucho más. Detrás de cada vaso hay un proceso que combina cuatro ingredientes sencillos con una larga secuencia de pasos, y en cada uno de ellos hay decisiones que explican por qué una cerveza sabe como sabe. Este es el recorrido completo, de la cebada al vaso.
Los cuatro ingredientes básicos
Agua: es el componente mayoritario y su composición influye en el estilo.
Malta: normalmente de cebada, aporta los azúcares fermentables, el color y gran parte del sabor.
Lúpulo: aporta amargor, aroma y ayuda a conservar la cerveza (más en qué aporta el lúpulo a la cerveza).
Levadura: transforma los azúcares en alcohol y dióxido de carbono (más en levaduras de la cerveza).
Con estos cuatro ingredientes se hacen cervezas tan distintas como una pilsner checa y una stout. La diferencia está en las cantidades, el tueste de la malta, la variedad de lúpulo, la levadura y la temperatura.
Paso 1: el malteado
La cebada se humedece para que empiece a germinar y después se seca con calor. Este proceso, llamado malteado, activa las enzimas que más tarde transformarán el almidón en azúcares. Según el grado de tueste, se obtienen maltas claras o oscuras, y de ellas depende el color de la cerveza.
Paso 2: molienda y maceración
La malta se muele y se mezcla con agua caliente. Durante la maceración, a temperaturas controladas, las enzimas convierten el almidón en azúcares fermentables. El líquido resultante se llama mosto. Esta etapa decide cuánto dulzor y cuerpo tendrá la cerveza.
Paso 3: filtrado y cocción
El mosto se separa de los restos sólidos del grano y se hierve durante una o dos horas. Durante la cocción se añade el lúpulo: el que se añade al principio, y se hierve unos 60-90 minutos, aporta sobre todo amargor; el que se añade en los últimos 30 minutos o menos aporta sabor y aroma. Además, la ebullición esteriliza el mosto.
Paso 4: enfriado y fermentación
El mosto se enfría con rapidez y se traslada al fermentador, donde se añade la levadura. Esta consume los azúcares y produce alcohol y dióxido de carbono. La fermentación dura de varios días a unas semanas según el estilo, y a la temperatura que marca la familia: más cálida para las ales y más fría para las lagers (más detalle en lager o ale).
Paso 5: maduración
Tras la fermentación, la cerveza madura para suavizar sabores y aclararse. En las lagers, esta etapa se hace en frío durante varias semanas. En muchas ales es más corta. Algunas cervezas añaden en esta fase más lúpulo en frío para aumentar el aroma, una técnica llamada dry hopping, típica de la IPA y la NEIPA.
Paso 6: filtrado, envasado y carbonatación
Algunas cervezas se filtran para eliminar la levadura y otras se envasan sin filtrar. El gas se aporta de forma natural en la botella o mediante dióxido de carbono, y la cerveza se envasa en botella, lata o barril. En los estilos sin filtrar, como la weissbier, queda levadura en suspensión, y por eso son turbias.
Variaciones que dan lugar a cada estilo
Cada estilo surge de pequeñas decisiones. Una malta muy tostada da cervezas oscuras como la porter; mucho lúpulo añadido tarde da aromas cítricos y tropicales; una levadura belga aporta especias y fruta, como en la saison; y una fermentación espontánea, como en la lambic, produce cervezas ácidas. Lo explicamos con más detalle en nuestra guía de estilos de cerveza.
Una norma histórica sobre los ingredientes
En 1516 el ducado de Baviera adoptó una norma que establecía que la cerveza solo podía llevar cebada, lúpulo y agua; la levadura no se mencionaba porque todavía no se conocía su papel. Es el famoso Reinheitsgebot, del que hablamos en la ley de pureza de 1516.
Fuentes
Datos sobre el lúpulo (usos, tiempos de cocción y dry hopping) en Wikipedia: Hops y sobre la norma de 1516 en Wikipedia: Reinheitsgebot, consultadas el 13/10/2026. Los tiempos y temperaturas varían según la receta y la cervecera.
La cerveza es una bebida con alcohol: disfrútala con moderación y solo si eres mayor de edad.


